El ámbar no es una piedra ni un mineral, sino una resina fosilizada de árboles milenarios —principalmente coníferas— que habitaron la Tierra hace más de 40 a 50 millones de años. A lo largo de eras geológicas, esta resina exudada por los bosques antiguos fue acumulándose y transformándose en una joya orgánica única, mediante un fascinante proceso de fosilización totalmente natural.
Conocido históricamente como el "Oro del Báltico", el ámbar ha sido valorado desde la antigüedad por civilizaciones como los griegos y romanos, no solo por su belleza, sino por sus extraordinarios beneficios para la salud y el bienestar.